Novela Romántica Erótica

INTRODUCCIÓN – VAS A SER MÍA

Me está dando un infarto. Es real. Se acabó.

Dios sabe que he intentado cuidar de mis nietos hasta el día de mi muerte, ¡pero son tercos como mulas!

No me quejo, pensaba que dolería más.

—Señora Morgan, ¿a quién quiere que llamemos para que se reúna con usted en el hospital? —me pregunta un camillero mientras me sacan de casa.

Les he llamado yo. Llevaba unos días sin ser yo misma, y cuando he contado ocho gatos en vez de cuatro, he pulsado la marcación rápida del 112.

—A…

Dudo. «¿A cuál de mis nietos aviso?».

En el primero que pienso es en Roi, porque es enfermero en Urgencias. Él no me dejará morir, hará lo imposible por salvarme, pero seguro que está disfrutando como un loco atendiendo a alguien con una hortaliza metida por el culo y sé cuánto le divierten esas cosas. Odiaría molestarle por un mini infarto de los que nos dan a los que llevamos un año viviendo de gratis, según las cartas que me echó un gurú indio una vez.

Debería llamar a Mei…, es la más responsable. Aunque en esta época del año tiene mucho trabajo en la agencia de viajes. Seguro que está cerrando las próximas vacaciones de ensueño de una pareja gay en las Maldivas, y si alguno de los dos es bi, anotará su teléfono y la llamará a la vuelta. No sería la primera vez… Todos sus novios surgen del otro lado de su mesa, algunos mientras cerraban su luna de miel. Sin comentarios… Pero esa es Mei, una belleza ingenua con el peor ojo clínico del mundo para los hombres. Y no seré yo quien estropee la posibilidad de coincidir con uno decente por una vez. ¡A la décima va la vencida!

Ni me planteo llamar a Ani. Esa no sabe ni en qué acera pesca. Lo más probable es que ande colocada por los mundos de Yupi, ¡maldita hippie! Pero, ¿qué puede esperarse de alguien que tiene el pelo rosa, se alimenta a base de chicles sin azúcar y procura vestirse con todos los colores posibles? Además, venir a rescatarme implicaría cerrar la tienda de golosinas en la que trabaja justo cuando una manada de niños con los ojos desorbitados se dirige hacia ella a toda velocidad.

Solo me queda Kai… El bueno de Kai.

Dicen que es traficante… Y probablemente lo sea.

Y un proxeneta… Toda la pinta.

Que haya estado en prisión tampoco le ayuda, ni que desayune whisky y que su peluquero se crea Frank Gehry hasta el culo de algo mal cortado. Mi última opción, el bueno de Kai, la oveja negra, el que más veces me ha decepcionado y alegrado la vida…

—Señora Morgan, ¿a quién llamamos?

—¿A qué hospital vamos?

—Al provincial.

—No llame a nadie, uno de mis nietos trabaja allí.

Sonrío para mis adentros. Alguien va a sentirse muy culpable por esto. Asumo que yo no soy la protagonista de esta historia, pero estoy encantada de ser el incidente desencadenante que vuelva a juntarles a todos otra vez.

«Si lo llego a saber, me muero antes».

—¡Señora, señora!…

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