Novela Romántica Erótica

INTRODUCCIÓN Y CAPÍTULO 1 (VAS A SER MÍO Nº2)

*Recomiendo no leerlo si no has leído antes Vas a ser Mía Nº1

INTRODUCCIÓN (personaje_Luz)

Tres meses después

—Maya, esta cosa ha sonado. ¿Puedes ayudarme?

La niña se acerca y desbloquea mi móvil como una experta en la materia. A mí estos trastos no me gustan. Kai me compró uno de última generación y estoy deseando que se muera para hacerle un funeral.

—Te ha llegado un WhatsApp —me informa profesional—. De Kai.

—Y ¿qué pone, cielo? No llevo las gafas, no sé ni dónde están…

—«Acabo de tocar tierra».

—¡Bien, empieza lo bueno! —digo frotándome las manos.

—¿Qué es lo bueno? —pregunta la niña, curiosa.

Qué encanto… Tan dulce e inocente… Me recuerda un poco a Mei.

—Verás, cariño, a veces, los adultos toman decisiones por motivos estúpidos y luego les acaban reventando en las narices…

—¿Como un globo de agua?

—¡Exacto! Y Kai es ese globo de agua —sonrío con malicia.

Todos mis nietos mienten fatal, que Dios los pille confesados…

Kai guarda un secreto muy gordo, pero planea algo peor.

Mei está enamorada. No sé de quién, y creo que ella tampoco.

Ani ha encontrado la horma de su zapato, ¿el problema?, que ella siempre va descalza…

Y Roi… bueno, ese ha vuelto a nacer. Ahora tiene dos vidas y no sabe cómo compaginarlas.

—Cielo, contéstale a Kai que venga a cenar esta noche, SIN FALTA.

CAPÍTULO 1 (MEI)

«¿Quién me mandará a mí…?», pienso nerviosa.

¡Si es que soy imbécil! La típica que se enamora siempre de quien no debe. Pensaba que lo tenía superado, pero no…

Hace un mes que no veo a Mak. Desde que nos separamos el once de mayo, no he vuelto a saber de él, y no porque no me haya llamado mil veces…

Chasqueo la lengua e inspiro hondo para que me llegue todo el oxígeno que necesito para recomponerme. Es algo que hago desde que asesinaron a Julia delante de mis narices. También pensaba que lo tenía superado, pero no. ¿Se supera alguna vez algo así? ¿Vuelves a sonreír como si jamás lo hubieses presenciado?

Un buen motivo para ignorar esa sensación de terror es Marco, su hijo, que ya es parte de mi vida y mi único anclaje con la realidad, pero también se ha convertido en mi mayor torturador con sus «¿Cuándo veré a Mak?». Cosa que me pregunta todos los santos días desde que nos fuimos de su casa. ¡Para él ese hombre es como la Navidad y su cumpleaños juntos!

«¿Y para mí?».

Muevo la cabeza para deshacerme de esa pregunta impertinente y observo el panel de Llegadas en el aeropuerto.

«En tierra», leo con respecto al vuelo en el que llegan Kai y Mía desde Ibiza. Por fin, ¡gente nueva!, o más bien, mi mejor escudo frente a… ese hombre con cuerpo de dios y sonrisa de diablo.

Con razón Cupido lleva pañales, siempre la está cagando…

Un centenar de personas cruzan la puerta de enlace con el exterior y protagonizan abrazos prometidos desde que empezó la pesadilla del COVID19. Mencionan Ibiza. Están morenos, pero ni rastro de mi hermano y su novia.

Cuando estoy a punto de sacar el teléfono para llamarles, veo salir a un hombre vestido de negro con un walki en la mano.

«Despejado», murmura hacia el aparato.

Kai y Mía aparecen de pronto con otro Men in black detrás de ellos.

—¡Mei! —me grita mi hermano, sonriente.

Alucino con su bronceado. Parecen Ken y Barbie Malibú. Me invade ese tipo de envidia que no puede disimularse sin que te provoque una úlcera, así que no lo hago.

—No pienso preguntaros qué tal os ha ido —digo verde de envidia, cruzándome de brazos. Y no solo por su precioso tono de piel, sino por sus sonrisas de felicidad. Ese brillo de enamoramiento inigualable y recíproco que las solteronas aspiramos a encontrar.

—¡Estábamos deseando volver! —dice Mía, amable.

Kai la mira con una mueca divertida.

—Cariño, ¿por qué mientes?

Su cara de apuro lo hace sonreír como antaño y ella le empuja volteando los ojos y enamorada perdida. Madre mía…

Kai me abraza con fuerza, aunque (en teoría) no deberíamos.

—Te echaba de menos. Llevo echándote de menos mucho más tiempo que esta cuarentena… —musita en el pelo que tapa mi oído.

Me aprieto contra su cuerpo y respondo que yo también, pero omito: «sobre todo, esta cuarentena…». Eso me lo callo.

Se separa de mí y me sonríe, pero pronto gira la cabeza buscando algo o a alguien y lo veo levantar la mano. Sigo su mirada y…

«Por Dios…».

Las primeras estrofas de la canción I’m sexy and I Know it resuenan en mi cabeza.

Mak está situado en un punto estratégico con una camisa blanca, pantalón corto negro y las gafas de sol del tío del anuncio de Martini. Que alguien me pellizque hasta hacerme sangre… ¿Cuánto tiempo lleva ahí?

Él parece responder a esa pregunta bajando la cabeza y no dejando sonreír a su boca, que lo intenta desesperada. Igual que yo por no recordar lo bien que huele… o cómo le preparaba el desayuno a Marco recién levantado con el torso desnudo… o aquella noche en la que hubo un apagón…

Ahí está Makescucho decir a Kai sacándome del trance. Mi cuerpo babea por donde puede y me veo incapaz de privarme de su imagen. I’m sexy and I Know it!

Viene hacia nosotros y mi hermano avanza hacia él para fundirse en un abrazo que dura algunos segundos más de la cuenta, precedido por un empujón granuja de Kai.

—Eh, guarda la distancia de seguridad, ¿no tendrás el jodido bicho?

—No, pero tengo otro enorme aquí mismo, ¿quieres verlo? —suelta Mak tocándose el paquete.

Mis ojos huyen de ese lugar. Más recuerdos… Sobre todo de sus habilidades sobrenaturales en la cama.

Vuelvo a subirlos y lo descubro mirándome sin gafas.

—Hola, Mei, ¿cómo está Marco?

Sus ojos me acorralan implacables. Son tan audaces y morbosos que me hacen sacar pecho y pensar en ofrecerle el culo…

Cuando me doy cuenta, bajo la cabeza, cohibida, y lo miro de reojo.

—Eh, hola… Bien, está bien. —Se me corta la respiración cuando lo veo dudar entre si acercarse a por un beso o no. ¡Me refiero en la mejilla!, no flipéis, pero el latido se pierde y mira a Mía para soltarle un «¿qué tal, guapa?» y dárselo a ella. Maldito idiota… ¿Qué hace? ¡Kai no tiene un pelo de tonto! Lo lógico, después de estar dos meses conviviendo juntos, es que tengamos confianza para acercarnos y besarnos (sin leeengua). Si no lo hacemos, sospechará.

—¿Cómo te va a ti, Mak? —me acerco a él con valentía y le planto un casto beso de lo más normal. De lo más fraternal. De lo más colegas… en la mandíbula. ¡Es que es alto!, y como no se lo esperaba, es a donde he llegado…

Mak aguanta el envite, apretando los dientes. Eso sí, su mano vuela hasta mi cintura y me achucha con una naturalidad dolorosa.

—Todo bien, lo de siempre, ya sabes…

Kai nos observa con atención y Mak me suelta, nervioso, dando una palmada en el aire para cortar sus posibles hipótesis, seguida de un «¿Quién tiene hambre?».

Cierro los ojos. ¿Tenía que decir justo eso?…

Comenzamos a andar hacia mi coche mientras ellos conversan y me pierdo en mis pensamientos.

—Os seguiré con la moto hasta tu casa —oigo que le dice a Kai.

Mi hermano me pide permiso para conducir mi coche y me subo a la parte trasera para no volver a cruzarme con esos ojos pardos. Mía hace lo propio en el asiento del copiloto y, en cuanto cierra la puerta, se gira y me pregunta cotilla:

—¿Qué te ocurre con Mak?

La miro estupefacta como si estuviese loca.

—¡Lo siento, lo siento! Es verdad, no es asunto mío. Pero te aviso que Kai querrá saberlo. Entre vosotros se respira mucha tensión sexual no resuelta… ¿o está resuelta?

Abro los ojos espantada. «Dios mío…».

—¡Perdón, perdón! —continúa Mía—. No me lo digas. Ya sé que tres videollamadas no nos convierten en amigas, pero… ten una historia preparada para tu hermano en tres, dos, uno…

Kai se sube al coche y con él mis gónadas a la garganta.

—¡Qué placer conducir otra vez!… —dice arrancando, feliz—. Bueno, ¿qué ha pasado en nuestra ausencia? ¡Cuéntanoslo todo, Mei!

¿Todo?…

Si lo hago, no sé a cuál de nosotros matará primero.

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